Cuando uno se adentra a principio de temporada en la tarea de entrenar un equipo o un jugador, enseguida empieza a pensar en un montón de ideas que se le antojan brillantes. En la cabeza del entrenador se agolpan estas ideas y cómo llevarlas a cabo y un deseo por empezar a avanzar desde el primer día en el camino hacia esa meta que en su imaginario llevará a estupendos resultados. En este impaciente inicio del proceso el entrenador olvida muchas veces que lo primero que tiene que hacer es enseñar a entrenar a esos jugadores para que en ese contexto aumenten las probabilidades de éxito. Equivocar las prioridades y dar pasos precipitados por falta de paciencia e inseguridades hace que entremos en una inercia que nos resta eficacia dentro de nuestros conocimientos.
El maestro John Wooden, leyenda del baloncesto americano, dedicaba el primer entrenamiento a enseñar cómo atarse correctamente las zapatillas a los jugadores. Detrás de este ejercicio entiendo que había algo más que el hecho de incidir en algún detalle al respecto, seguramente la idea era dar importancia a los detalles poniendo atención desde el comienzo a hacer las cosas bien. En esta misma línea Popovich habla de que cada temporada comienza la primera sesión explicando a los jugadores cómo hacer una parada de un tiempo de manera correcta y con ello les habla de la importancia de respetar los pasos del proceso de crecimiento del juego de un equipo y de lo importante de hacer bien cada detalle.
Centrémonos no en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer cosas extraordinariamente bien
No quiero entrar en este artículo a hablar sobre algunos hábitos importantes que pienso que todo entrenador y jugador tienen que tener claros, como pueden ser la puntualidad, llevar correctamente la indumentaria, saludar, etc. Prefiero adentrarme en otras cuestiones que entran en la misma categoría y nos suelen pasar desapercibidas y que hacen que posteriormente nos quejemos del rendimiento de jugadores y equipo sin pensar que el origen de esto puede estar en que no dimos en su momento la debida importancia a como entrenar de la manera correcta.
Aquí os dejo un decálogo a tener en cuenta por entrenadores y jugadores para aprender a entrenar:
- Ir a entrenar no es el acto físico de estar en el entrenamiento. Tengo la sensación que hoy en día en muchas actividades se justifica con la presencia física el realizar un acto. Un ejemplo sería como muchas veces los padres justifican el tiempo de estudio con el tiempo que se pasa delante de un libro o unos apuntes. Realizar un acto tiene que ver con tiempo productivo y ese tiempo requiere de una energía física y mental.
“Cuando como, como. Cuando duermo, duermo. Cuando entreno, entreno”
- Entrenar es algo más que poner energía física y ser educado. Hay jugadores y entrenadores que cumplen estos dos requisitos pasando desapercibido su bajo nivel atencional ante lo que pasa y hacen. A éstos no se les reprocha la falta de esfuerzo porque no se entiende que el esfuerzo tenga que ver con lo atencional. sino con el derroche de energía física; mientras que a aquellos que tienen menos dosis de esta energía, pero gran capacidad atencional, sí que se les reprocha la falta de esfuerzo. A mi juicio este es un error en el que se cae demasiadas veces al hablar de actitud sólo relacionándola con esfuerzo físico. Mi experiencia me dice que conseguir esforzarse físicamente no es tan difícil y no requiere de demasiado talento, lo más complicado y lo que más réditos genera es entrenar con gran atención.
“Atención, más atención y más atención”
- Hacer ejercicios de manera mecánica no es entrenar. Si al realizar las acciones el jugador no emplea la energía adecuada y no transfiere de alguna manera lo que está haciendo al juego en su cabeza, el poder de esa experiencia se reduce drásticamente. Es fundamental en este punto que el entrenador cree tareas adecuadas y que esté inmerso en lo que está sucediendo para que desde su maestría y experiencia haga comprender esto al jugador.
“No es lo mismo hacer que entender, ni entender que comprender”
- Fallar con atención. Cuando nos adentramos en tareas que no dominamos hemos de saber que el fallo va a estar presente y forma parte del proceso de mejora, pero si en ese proceso no partimos de una alta exigencia a todos los niveles, esas experiencias no son productivas en el proceso de crecimiento y se repiten los mismos fallos sin generar ningún beneficio. De alguna manera en la experimentación de los elementos desconocidos hay que exigirse cierto grado de eficacia.
“Falla mejor”
- Resolver problemas. El entrenador no tiene que ser un solucionador de problemas constantemente. Si partiéramos de un supuesto en el que el entrenador continuamente le dice al jugador de que manera resolver cada acción problemática acabaríamos atrofiando la capacidad resolutiva de éste, a la vez que disminuiríamos su capacidad intuitiva y su grado de autonomía. En los momentos claves de un partido los jugadores con capacidad resolutiva son los que más nos van ayudan; por lo tanto, hagamos que los jugadores resuelvan problemas durante los entrenamientos, bien sea a través de la dinámica de las tareas o bien no solucionándoles cada problema que vaya surgiendo. El concepto de “buscarse la vida” tiene que estar de alguna manera presente en el entrenamiento.
“Un problema es una oportunidad de mejora disfrazada”
- No poner excusas. Desde el primer día hay que atacar este vicio debilitante de raíz no permitiendo justificar el error culpando a otros o al entorno. Aprender a asumir el error y poner el foco en lo que depende de uno mismo cuando las cosas no salen contribuirá a aumentar la capacidad de ser constructivos y la fortaleza mental.
“Sé fuerte, no pongas excusas, haz”
- Creatividad e imaginación. Tanto el entrenador como el jugador tienen que estar abiertos a dejar fluir y desarrollar estas capacidades buscando a través de ellas nuevos caminos de eficacia. La sensibilidad del entrenador es fundamental para que la dosis sea la adecuada y no se entre en una dinámica de carencia de rigor en la metodología de enseñanza.
“La creatividad es conectar cosas y el talento ejecutar eficazmente”
- Competir cuando hay que competir. Cuando en el entrenamiento la tarea lleve consigo una competición, el jugador debe ganar al menos uno de las dos retos que se le presentan: ganar al otro o ganarse a uno mismo que significa dar lo mejor de uno, si no gana al menos uno de estos dos desafíos no podrá ser un buen jugador.
“competir es dar lo mejor de uno mismo”
- Empezar antes y acabar después. Conseguir esto en los jugadores otorga enormes ventajas. No confundir esto que estoy diciendo con el “timing de las acciones”. La naturaleza humana nos lleva a economizar esfuerzos y el entrenamiento ha de luchar contra esta inercia para crear hábitos que permitan al jugador anticipar lo que va a pasar para ser más eficaz y alargar el esfuerzo no rindiéndose antes de tiempo. Todos queremos jugadores y equipos con buena mentalidad, realizar entrenamientos donde constantemente están presentes estos dos conceptos nos ayudará al respecto.
“Anticipa y resiste”
- Aprender a auto-entrenarse. Ningún jugador ha alcanzado un nivel extraordinario con la realización exclusiva de los entrenamientos programados por su entrenador o club. El jugador tiene que complementar estos momentos con el crecimiento personal, la realización de entrenamiento en una pista o con un balón creados por él mismo, el visionado de partidos de baloncesto y jugadores con un enfoque curioso y el proyectar en su imaginación situaciones del juego o de su posible evolución. Este entrenamiento a veces físico, a veces imaginario, difícilmente se producirá sin pasión. El generar ese deseo y que el jugador aprenda a hacerlo de una mejor manera forma parte de la tarea que tiene el entrenador.
“el mejor entrenador es uno mismo”
CPDABASKET
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