¿ENSEÑANDO O APRENDIENDO?

¿ENSEÑANDO O APRENDIENDO?

En los años que llevo entrenando jóvenes jugadores he tenido la suerte de entrenar a varios jugadores que han llegado a la élite, pero la realidad es que la mayor parte no llegan por la dificultad máxima que entraña esto, muchos no tienen el físico que se requiere, algunos el talento suficiente y otros carecen de la fortaleza de carácter necesaria, equivocan los pasos a seguir o no es su objetivo prioritario.

Sea el nivel que sea de los jugadores con los que entrenamos la ambición de ayudarles a mejorar siempre ha de ser máxima. Entrenar es un proceso en el que se tiene que ir conociendo al jugador a través de diferentes acciones y en el que se pretende ayudarle en su crecimiento. La tarea es compleja porque requiere de paciencia por parte del entrenador y del jugador y porque no hay recetas mágicas, más allá del esfuerzo y la atención. Las dificultades son múltiples y empiezan desde el momento que  hay que encontrar pistas y momentos para hacer entrenamientos extras y que sean compatibles con el resto de la vida del joven, luego como entrenador uno se da cuenta de que el método  que para algunos jugadores sirve para otros no tanto, después hay que gestionar por ambas partes las frustraciones que se van dando en el camino porque el proceso no es lineal y el esfuerzo muchas veces no tiene rendimientos inmediatos y, por último, uno tiene que asumir que tal vez no esté haciendo lo más adecuado y reconocer equivocaciones e ir haciendo correcciones en la manera de entrenar o simplemente percatarse de que no merece la pena tanta dedicación. Saber a ciencia cierta el método perfecto de entrenamiento a emplear se me antoja imposible, uno pretende estar haciéndolo lo mejor desde haber adquirido el conocimiento y sensibilidad necesaria a través de la formación y experiencia, pero nunca se está seguro del todo.

De lo que sí estoy seguro es que en este proceso de vez en cuando nos vamos cruzando con jugadores en los que siendo de inicio nosotros “los profesores” nos convertimos en muchas ocasiones en “los alumnos” porque aprendemos de como el jugador resuelve distintas situaciones que se producen en los entrenamientos y en el juego de manera eficaz.

Algunos ejemplos que se me ocurren son:

  • Cuando el jugador empieza a hacer variaciones de lo entrenado aumentando la eficiencia o haciendo ver nuevas posibilidades de las habilidades técnicas o situaciones planteadas.
  • Cuando ante el planteamiento de distintos problemas al jugador este aporta recursos inesperados por nosotros para solucionar dichas situaciones.
  • Cuando nos damos cuenta de una manera particular que tiene un jugador de aprender.
  • Cuando observamos hábitos del jugador que le generan fortalezas en su progresión y su juego.
  • Cuando vemos adaptaciones de habilidades a las particularidades características físicas de un jugador.
  • Cuando descubrimos trucos que un jugador emplea para sacar rendimiento de situaciones que se dan el juego.
  • Y cuando a través del diálogo el jugador nos hace ver algo que no habíamos tenido en cuenta y que nos da otra percepción de determinados elementos del juego.

 

Todos esto se convierte si estamos atentos en fuente de inspiración para el entrenador para generar ideas prácticas a utilizar en el proceso de entrenar a otros jugadores.

En conclusión, EN EL PROCESO DE INTENTAR ENSEÑAR UNO TIENE LA CERTEZA DE PODER APRENDER.

 

«Cuando uno enseña, dos aprenden»

Robert Heinlein

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